Familias Modernas -Psicólogos en Córdoba

Nota Publicada en: Suplemento Mujer de La Voz del Interior – 9/5/08
Por Ivanna Martin
Múltiples roles, el fin de los modelos tradicionales y de la “media naranja”, la desilusión de exponerse a un modelo tradicional inalcanzable. Opinan especialistas cordobesas desde la sociología, la psicología y el derecho.
 
Terapia Familia Córdoba
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Desde hace muchos años, y cada vez más, hay menos familias “tradicionales”, compuestas por el matrimonio y sus hijos. Los cambios sociales han dado paso a las monoparentales, ensambladas, binucleares, de hecho y homosexuales. Según el último Censo Nacional de Población, alrededor de la mitad de los matrimonios se divorcia, aumentan las uniones de hecho y cada vez hay más familias ensambladas. La sociedad plantea cambios y la necesidad de acomodarse a ellos.

Abordamos el tema desde las singulares visiones de la socióloga Alejandra Martínez (magíster del CEA-Conicet, y docente de Sociología de los Medios de la Universidad Siglo 21), la abogada Constanza Eppstein (adscripta a la cátedra de Derecho Privado -Familia y Sucesiones- de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba) y la psicóloga Evangelina Aronne, especialista en cuestiones familiares y vínculos de pareja, y en psicoterapia familiar sistémica.


La Ley de Violencia Familiar de la Provincia de Córdoba entiende como grupo familiar el surgido del matrimonio legal, de las uniones de hecho (sin distinción de sexos) o relaciones afectivas “sean convivientes o no, persista o haya cesado el vínculo comprendiendo ascendientes, descendientes y colaterales”. Aunque esta definición es sólo a los efectos de esta Ley, constituye un ejemplo de cómo la legislación “poco a poco va reflejando los cambios sociales. El concepto de familia, hoy, es muy amplio”, destaca Eppstein.
Por su parte, Martínez define la familia, desde lo personal, de la siguiente manera: “es el conjunto de personas con quien uno desea compartir su vida, sus alegrías, sus tristezas. No tiene porqué responder a los cánones idealizados sino a las necesidades afectivas y de protección que todos los seres humanos experimentamos”. Desde lo sociológico, sugiere que no se puede hablar hoy de una definición única. “El modelo de la familia tradicional (madre-padre-hijos) que conocemos y que nos parece ‘natural’ está dando paso a modelos diversos: familias monoparentales, homosexuales, matrimonios sin hijos, familias ensambladas -que reúnen bajo el mismo techo los hijos propios y los de parejas anteriores- para mencionar sólo algunos ejemplos”.
En tanto, Aronne destaca que la familia es un sistema de personas compuesto por diferentes subsistemas de acuerdo a la relación que mantienen entre sí (conyugal, parental, fraterno). “Es el marco que contiene a los miembros que crecen en ella, es un sistema abierto, una totalidad. Cada uno de los miembros está íntimamente relacionado y, por lo tanto, la conducta de cada uno influirá en los demás. Elabora pautas de interacción en el tiempo y tiende a la conservación de la especie y la evolución y transmisión de la cultura a las nuevas generaciones”.

Mayor libertad
Aronne opina que la familia de hoy “se caracteriza por una mayor igualdad entre marido y mujer en el ejercicio de sus funciones. Ambos trabajan dentro y fuera de la casa, y poseen un estatus equivalente en lo social y en el hogar. Las funciones son compartidas: reuniones de padres, cambio de pañales, consultas al médico… así como las demostraciones de afecto que ya no son exclusivas de la mujer. Los hijos, por su parte, participan en las opiniones y decisiones y ya casi no existen temas tabúes debido al acceso que tienen a la información a través de Internet y de la televisión”.
Para Eppstein lo que está en crisis no es la familia sino el concepto: “La familia es la base de la sociedad, es considerada una institución. Pero es el concepto lo que hoy está en crisis. Cuando se redactó el Código Civil se consideraba la familia núcleo (matrimonio con hijos) pero hoy numerosas leyes abarcan la familia extensa (abuelos, hermanos, tíos, primos). Más que la familia en crisis, lo que se reacomoda es el concepto tradicional. La sociedad tendrá que ir aceptando y tratando de convivir con otros tipos de familia”.
Martínez coincide y agrega que la idea de que un hombre y una mujer deban complementarse, tener descendencia y ser felices a lo largo de su vida, no es algo “natural” o dado, sino que es un concepto que ha sido impuesto socialmente y reproducido a lo largo de la historia. “No es extraño que en nuestra época se hable de una crisis de la familia. El siglo 20 trajo fuertes cambios sociales y las personas comenzaron a cuestionar la vigencia de aquel modelo ‘legítimo’ que propone a la pareja como un todo ideal. El mito romántico de la complementariedad (o de la ‘media naranja’) fracasa al intentar reproducir un modelo inalcanzable de pareja y de familia sobre el que se depositan demasiadas expectativas, muy difíciles de cumplir (el romanticismo, la comprensión permanente, el sostenimiento de varios roles cumplidos perfectamente al mismo tiempo -en caso de la mujer: amante-trabajadora-madre)”, sostiene la socióloga. Además, explica que hace algunos años todas las frustraciones derivadas de no poder responder a los modelos ideales eran ocultadas “para mantener el ‘honor social’” pero que hoy se ponen en evidencia.
Aronne agrega que ya no existe la desigualdad de antes en el poder de la pareja. “Las familias tradicionales o patriarcales dieron paso a las familias con mayor compañerismo e igualdad. Ya no existe esa rígida división de roles por género y por edades”, indica.
A todos estos cambios los va planteando la misma sociedad, opina Eppstein. “Creo que hay que ir aceptándolos, es la propia sociedad la que evoluciona y plasma nuevas formas de comunicarse y de entablar las relaciones familiares. El cambio social, en materia de familia, ha ido mucho más rápido que el cambio jurídico, que las normas”, asegura.
También Aronne piensa que hay que acomodarse a los nuevos patrones: “Hay que cambiar el pensamiento dicotómico, rígido, por uno flexible, en el cual pueda haber alternativas al sí o no, al todo o nada, porque la rigidez termina rompiendo las relaciones”.
Desde su óptica profesional, Eppstein observa, por ejemplo, que en los matrimonios que se divorcian, crece permanentemente la conciencia en los hombres en cuanto a la responsabilidad que tienen sobre sus hijos. “Ya no hay tantos padres que se separan y se ‘olvidan’ de sus hijos. Hoy los padres quieren estar presentes en la educación de sus niños, en el día a día, acuerdan visitas más amplias, no se conforman con ser ‘papás de fin de semana’. De hecho, se está tratando un proyecto de tenencia compartida. La mujer necesita y reclama del hombre mayor responsabilidad que antes”.
La independencia que la vida laboral les otorga hoy a las mujeres que trabajan también es un factor que influye de manera significativa ya que hoy son ellas quienes toman la decisión de poner punto final a la convivencia, impulsadas por su propia capacidad para sostener a sus hijos con ingresos propios. “Antes las mujeres, por los hijos, soportaban más las situaciones, pero hoy muchas llegan a un cansancio emocional, a un hartazgo que las hace tomar la decisión”, apunta la abogada.
No obstante, Aronne destaca que las mujeres de hoy se encuentran ante tantas responsabilidades que son habituales los sentimientos de culpa. Son mujeres muy exigidas por lo laboral, lo familiar y lo social y no siempre sienten que pueden cumplir con todo.

Readaptarse
Apuntando la mirada específicamente hacia Córdoba, Eppstein sostiene que es una sociedad muy conservadora, que “tarde o temprano tendrá que amoldarse a los cambios”. Martínez, por su parte, opina que los cordobeses son cada vez menos conservadores. “No se puede hablar de un modelo típico de mujer cordobesa, ya que todos los casos difieren. Creo que la mayoría de las mujeres cordobesas cumplen hoy diversos roles en la sociedad: trabajan, participan en la vida pública y atienden su casa. Muchas proveen económicamente a partir de su actividad laboral y a la vez son responsables de la mayoría de las tareas que están vinculadas al cuidado de los otros, es decir: la pareja y los hijos. En este punto creo que es importante decir que los varones asumen, cada vez más, tareas y responsabilidades que antes estaban restringidas al ámbito femenino. Quizás no en la medida en que las mujeres quisieran, sin embargo, es más frecuente cada día (y sobre todo en las clases medias) que varones y mujeres compartan las responsabilidades de sostener económicamente la unidad familiar, así como de hacerse cargo de los trabajos que son propios del mantenimiento del hogar”, dice. Por último, opina que la familia va hacia su redefinición: “El modelo histórico: mujer, varón, hijos, hijas, se presentará en el futuro como una alternativa posible pero, ciertamente, ya no será la única”.

El abordaje psicológico
Entre los problemas que más se presentan en las consultas psicológicas, están los de pareja, celos, desconfianza, diferencias de criterios en cuanto a la educación de los hijos, según enumeró la psicóloga Evangelina Aronne, especialista en terapia familiar. “Existen familias en donde está muy involucrada la familia de origen y los abuelos atraviesan los límites cumpliendo roles parentales (a veces porque son quienes cuidan a los chicos). Hay otras en las que los hombres tienen trabajo fuera de la ciudad y faltan del hogar durante la semana por lo cual es necesario reacomodar los roles permanentemente. También surgen dificultades en la aceptación de casos en los que las mujeres ganan más dinero que el marido. Como terapeuta sistémica, no trato de poner un nombre al problema de la familia, no busco encontrar un diagnóstico o patología. Cada familia es única, se observa su estructura, sus funciones, sus roles, límites, estilos de comunicación y relación. Se conforma un sistema terapéutico familia–terapeuta y mediante técnicas específicas se busca reestructurar y reorganizar conjuntamente el sistema familiar”, explicó la profesional.

La desilusión de lo inalcanzable
Con la introducción de las mujeres en la vida pública a partir de los años ’60 y ’70, el modelo de familia evolucionó. Según la socióloga Alejandra Martínez, el concepto de familia socialmente aceptado y legitimado, incluía, necesariamente, dos actores: un hombre y una mujer. Históricamente, su unión era considerada significativa para el mantenimiento del orden social ya que al varón le correspondían las tareas de “producción” (el trabajo asalariado, la defensa del hogar, la toma de decisiones de todo tipo) y a la mujer se le asignaba lo vinculado a la “reproducción” de la unidad familiar (el cuidado de la casa, de los hijos, del marido, de los viejos; la emotividad, el afecto). A partir de la inserción progresiva de la mujer en los ámbitos que estaban restringidos a los varones, toda la estructura social se vio conmovida, y, por supuesto, el epicentro de la conmoción fue el ámbito familiar. Aún cuando la mujer debió (y debe) repartir su tiempo entre el trabajo asalariado y el trabajo hogareño, el hecho de que tuviera oportunidad de expresarse y usar su potencial en otras áreas trajo la necesidad de repensar la organización familiar tal como estaba concebida.

“Para los hombres estos cambios no han resultado cómodos ni fáciles. Ellos se encuentran actualmente en situación de redefinir su rol de género, no sólo para dar lugar al avance de las mujeres en los ámbitos laborales y políticos, por ejemplo, sino porque además se les comienza a requerir la realización de tareas (vinculadas a lo doméstico) en las que no se sienten del todo cómodos y para las que no han sido educados.

En este marco, mantener las viejas expectativas en torno a lo que “debiera ser” una vida familiar ideal es exponerse a la desilusión de lo inalcanzable. La educación en los nuevos roles de género (desde los padres hacia los hijos, la escuela, los medios de comunicación) y una nueva forma de concebir la vida familiar que considere un abanico amplio de posibilidades y acepte las debilidades del modelo actual, podría ser una manera posible de avanzar hacia una vida más plena”, sostiene Martínez.

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