
Nota Publicada en: Periódico El Tiempo. Lima
En una relación hay algo que no se puede restringir y esto es la independencia y la autonomía del otro, así como la comunicación y el fijar ciertos límites; elementos que ayudan a la sana convivencia conyugal. La sexóloga Silvia Madaghjian, aconseja a los matrimonios en crisis que rescaten del noviazgo los “refuerzos positivos”
PUERTO LA CRUZ.- Para Valentina y Rodrigo, la relación de pareja se había vuelto insoportable. Llevan nueve años de convivencia y desde hace cuatro comparten la crianza de un hijo.
Los celos y las constantes quejas eran frecuente en el hogar. Ambos reconocen ser posesivos: se revisan el celular y el correo electrónico frecuentemente; no les gustan las amistades y compañeros de trabajo de su pareja; él no quiere que ella use ropa ajustada; ella no tolera que él sea gracioso con el sexo opuesto. Buscan controlarse mutuamente en cuanto a gustos, vida social e incluso en la parte económica.
Pero la terapia de pareja los ayudó a ver algunas diferencias que son claves para construir ahora una relación feliz, madura y equilibrada.
El respeto, la comunicación y marcar los límites son parte de las reglas de la convivencia de dos. “Éramos la sombra del otro. Nos estábamos asfixiando. Hay cosas que tenemos que cambiar” comenta Valentina.
Inicios en color rosa
Muchas parejas desconocen que el amor evoluciona y que la relación atraviesa por distintas “pruebas” o etapas de desarrollo y maduración.
El adoptar actitudes rígidas, no adaptarse a los cambios, a la dinámica y a las demandas que implica la vida íntima, familiar, social y laboral, puede llevar a la separación, destaca Evangelina Aronne, psicóloga de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
Aronne refiere que todo comienzo es color de rosa. Durante el noviazgo “nace un amor que no necesita esfuerzo, es un amor entusiasmado”. Pero si la pareja decide compartir su vida, los primeros años de matrimonio, exigirán la adaptación de ambos, con sus costumbres y hábitos diferentes.
“Es en esta primera etapa cuando la pareja quiere imponerse al otro, imponer su forma de hacer y de organizar la vida en común. Lo normal es que el otro no esté dispuesto a ser sometido, generando los primeros conflictos de adaptación”, señala la terapeuta.
La historia se complica cuando las parejas llegan a la mitad de la vida. “Aparece la monotonía, dejan de compartir el desayuno, los diálogos se tornan cada vez más escasos y forzados, aumentan las horas frente al televisor, no se organizan salidas conjuntas, los desacuerdos se hacen frecuentes y surgen por cosas irrelevantes (qué comer, el desorden de la vivienda, a dónde ir)”, resume en su página virtual.
“Yo, tú y nosotros”
En nuestra zona, la sexóloga y docente de la Universidad de Oriente, Silvia Madaghjian destaca que las parejas deben buscar el equilibrio y respetar las diferencias entre el Yo, el Tú y el Nosotros.
La comunicación y la confianza entran aquí en juego como elementos infaltables.
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