Nota publicada en la Revista “Para Ti “ – 2/05/08
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Cada vez más separados se suman a una nueva tendencia: la de las terapias destinadas a mejorar los vínculos… una vez terminada la pareja. En la mayoría de los casos, los hijos son la causa determinante para que padre y madre se junten a tratar de resolver sus conflictos. La opinión de los especialistas y las claves para que la relación de ex pareja se convierta en un espacio más saludable.
Contigo a la distancia
Los terapeutas coinciden en que este tipo de terapia se ha extendido en el último tiempo y que hoy muchas personas se acercan voluntariamente. “Algunas parejas se acercan al consultorio antes de separarse, y luego de hacerlo siguen con el tratamiento por sus hijos. Otros lo hacen después de la separación porque se dan cuenta de que el vínculo se ha tornado insostenible –explica la licenciada María Esther De Palma, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar–. En general, los conflictos que traen están relacionados con dificultades para ponerse de acuerdo y severos problemas de comunicación que generan malos entendidos. Además, cada uno ve la realidad desde su punto de vista y entonces es necesario que el profesional los ayude a entender la postura del otro. Cuando se acercan los ex integrantes de una pareja, lo primero que les decimos es que ellos pueden hacer lo que sea con sus vidas, pero que van a ser padres hasta que se mueran. Y entonces ellos entienden que por eso tienen que tratarse con respeto. Hay que separar lo que les pasó a ellos como pareja y explicarles que la armonía es vital para sus chicos. Si no, puede aparecer el ‘conflicto de lealtades’ o bien el ‘síndrome de Túpac Amaru’, que son esas situaciones en las que se tironea tanto al chico que virtualmente se lo descuartiza”, advierte la especialista, y aconseja: “Lo ideal es que los hijos no participen del tratamiento, salvo en algunos casos particulares en que pueda facilitar ciertos aspectos de la comunicación con chicos adolescentes, por ejemplo. Y hay que tener paciencia, porque se necesita mucho espacio y tiempo de reflexión”, explica De Palma.
Para Marcela Salazar, una psicóloga de 41 años, madre de Martín (12) y Lucía (5), la terapia con su ex nació de una decisión conjunta por mejorar la comunicación. Así comenzó a analizarse junto a Juan, con quien compartió 15 años de convivencia, de profesión y proyectos en común. “Los dos hicimos siempre análisis por separado y a la vez analizábamos en nuestros consultorios gente que se divorciaba. A partir de nuestra experiencia profesional tuvimos la inquietud de juntarnos en una terapia. En nuestro caso siempre tuvimos una gran relación, aun después de separados, pero en algún punto ambos sentíamos la necesidad de limar ciertas asperezas para no lastimar la historia que tuvimos juntos y la que vamos a tener siempre con nuestros hijos. A veces es sano encontrarse con el otro y plantear miedos, broncas, angustias, frustraciones… Para mí fue muy importante darme cuenta de qué era lo que yo generaba en él, y a la vez conocerme mejor a través de su mirada. Por suerte, los dos formamos nuevas parejas y ahora tenemos elementos para no volver a cometer los mismos errores. Y lo más importante es que aprendimos a querernos de una manera totalmente nueva”, confiesa Marcela.
Sin embargo, no todas las historias de este tipo tienen el éxito garantizado. La licenciada María Cristina Castillo, psicoanalista, docente y supervisora de Centro Dos, aclara: “No todos los encuentros de ex son buenos. Muchas veces existen más desencuentros que otra cosa. Cada pareja es singular, y entonces se juegan historias distintas y se hacen diferentes pactos. No es tan habitual que una pareja separada consulte, por más que se trate de una experiencia realmente valiosa. Por lo general, llegan a la terapia porque los manda la escuela o el juzgado, o porque sus hijos hicieron síntoma. Ahora bien: si una ex pareja toma la decisión de llegar al consultorio para mejorar la comunicación, es un punto interesante porque significa que pueden transitar, aun separados, un mismo camino junto a sus hijos. Pero eso se logra si los dos tienen la convicción de que les va a servir para algo. Claro que muchas veces hay equívocos, porque alguno de los dos (o ambos) lo toma como una excusa para ver si pueden volver a estar juntos. De todos modos, si tienen la inquietud de juntarse a charlar con ayuda terapéutica, quiere decir que les quedó algo por decir y es vital que lo hagan, porque las malas separaciones repercuten automáticamente en los chicos y los fracturan afectivamente. Uno de los errores más comunes que cometen los padres separados es hablar mal del otro frente a sus hijos y hacerlos parte de sus conflictos. Eso genera sentimientos de angustia y les hace sentir mucha culpa”, destaca la terapeuta.
Si bien los conflictos parecen ser el denominador común de toda separación, la clave de la nueva unión que supone una terapia de ex está dada por la necesidad de hacer el duelo de la manera más sana posible, y de buscar el bienestar de los chicos. “Los miembros de una pareja, con hijos o sin ellos, cuando se separan –por más que sea de común acuerdo– sufren dolor, angustia, tristeza. Atraviesan duelos por la pareja que no fue, por los problemas económicos que supone la separación, por los cambios de vivienda, etc. También cambia su estado civil y, entonces, su identidad también cambia. Por eso cada uno debe realizar ese duelo como pueda y a veces no les resulta del todo fácil aceptarlo. Entonces aparece el enojo hacia el otro, la bronca. En esos casos, no es conveniente enfrentarlos en el consultorio –aconseja la licenciada Evangelina Aronne, psicóloga, terapeuta familiar sistémica y perito psicológico–. En mi experiencia profesional, lo que surge como demanda muchas veces es un problema en los hijos. Generalmente la madre, como es quien convive con ellos, solicita ayuda psicológica, y luego de un rastreo del contexto del niño se observa que estos síntomas provienen de un mal acuerdo entre los padres, que aparecen como una necesidad del niño de que sus padres hablen de lo que hacen con él. Es aquí cuando se cita a los miembros ex parejas (ahora padres), para hacer una sesión conjunta, a la que el niño no debe asistir. En esos encuentros se trabajan los roles parentales, se les remarca que son ex y que tienen que ver cómo se pueden conducir mejor como padres, viviendo en lugares separados”, concluye Aronne





La nota es muy interesante, me gustaria tener mas info sobre este tema y como poder convencer a mi ex de poder hacer esta clase de terapia. Gracias.
Como abogada de familia veo cotidianamente casos en que ex parejas son mandadas desde Tribunales a hacer terapia. Al principio se niegan porque dicen “no vamos a hacer terapia de pareja si ya nos divorciamos”. Se les explica que es una terapia vincular, para mejorar la comunicación y dejar de afectar a los hijos.
Para serles sinceros, resultados positivos vi pocos y creo que se debe a que no van porque así lo decidieron ambos sino porque los mandaron desde la Justicia y dudo de los resultados de una terapia compulsiva.
Se necesita tener mucha sensatez y coraje para como ex matrimonio ambos se decidan a hacer una terapia.
Cuando no lo hacen, después el que termina yendo a terapia es el hijo y ellos formando parte de esa terapia en las devoluciones que les dan los terapeutas.
También he visto que manden a un chico a terapia y la devolución sea: “Su hijo no necesita terapia, los que la necesitan los Uds.”. Creo que lo único que puede conmover a un padre a hacer terapia es que sea “por el hijo”. Los hombres suelen ser más reacios a la psicoterapia que las mujeres. Mis clientas mujeres diría que todas hacen terapia.
Los hombres, sólo unos pocos.
Los hijos, muchos, generalmente a pedido del colegio.